Hasta el año 1971 Estados Unidos se había regido por el patrón oro. Este sistema permitía canjear dólares estadounidenses por su valor equivalente en oro. Ese año, como consecuencia de un déficit comercial y un enorme gasto bélico con motivo de la participación estadounidense en la Guerra de Vietnam, el entonces presidente Richard Nixon suspendió definitivamente la convertibilidad directa del dólar respecto al oro.

La inflación en EEUU durante la década de los setenta oscilaba entre el 6% del mejor año y el 14% del más duro. Tener el dinero bajo el colchón suponía contemplar cómo los billetes de dólar perdían valor día tras día. Por ello, para esquivar la fuerte subida de los precios las personas con más medios invertían en activos reales o financieros.

La inversión en plata de la familia Hunt

En esta situación se encontraba la familia Hunt, que tras sus éxitos en la industria petrolífera optó por adquirir metales preciosos para proteger su patrimonio de los riesgos de la inflación. Como el oro no podía ser almacenado por particulares, los hermanos Hunt decidieron acumular enormes cantidades de plata.

Los Hunt comenzaron a acumular plata a comienzos de los setenta, adquiriendo participaciones en minas de plata, comprando plata física e invirtiendo también a través de contratos de futuros negociados en el Commodity Exchange, Inc (COMEX).

En 1973, cuando los hermanos Hunt (Bunker, Herbert y Lamar ) se lanzaron a la compra masiva de plata, el precio era inferior a los 1,95 dólares por onza. Llegaron a acumular 200 millones de onzas de plata entre 1973 y 1979, una cantidad que superaba la producción anual de este metal en los cuatro mayores productores del mundo.

A principios de 1979 los Hunt ya recurrían al endeudamiento, apalancándose incluso, para continuar adquiriendo plata, que por aquel entonces rondaba los 5 dólares la onza. La inversión en plata de los Hunt era de unos 2.000 millones de dólares en septiembre de 1979. Cuatro meses más tarde había ascendido a 10.000 millones.

Los Hunt controlaban una cantidad cada vez mayor de la plata física del mundo y más, a través de los contratos de futuros de plata.

En 1979, el precio de la plata ascendió de manera vertiginosa. De poco más de 6 dólares la onza, la plata cerró el año en un precio de 25 dólares la onza, con los Hunt controlando el 77%de las reservas mundiales disponibles de plata. Y la subida vertical continuó a principios del siguiente año, llegando hasta los 40 dólares la onza.

En esta situación de control casi monopolístico, los Hunt tenían plena capacidad para poder manipular los precios de la plata, si bien tenían el punto débil del excesivo endeudamiento. Teniendo en cuenta su excesivo apalancamiento, necesitaban el aumento de precio de la plata para poder cubrir el total de sus deudas. En cambio, un cambio de ciclo económico podría arruinar.

La crisis de la plata

El 7 de enero de 1980, el COMEX aumentó los requisitos de margen establecidos para la compra de futuros sobre materias primas, incluidos los de plata. Por aquel entonces, el precio de la plata estaba cerca de alcanzar los 50 dólares.

Pocas semanas después, las reglas volverían a cambiar las normas perjudicando a los Hunt. El 21 de enero de 1980, las bolsas de materias primas, con el apoyo del gobierno de EEUU, informan que el comercio de plata se limitaba únicamente a las órdenes de liquidación. A partir de ese momento sólo se estaba autorizado a liquidar las posiciones abiertas. De esta forma, las órdenes de venta acapararon las operaciones y el precio de la plata comenzó a caer.

Además, la Reserva Federal asestó un golpe a la familia Hunt al subir los tipos de interés. Ese aumento de tipos provocó que el coste del endeudamiento fuese mucho mayor para los Hunt.

A mediados de marzo, el precio de la plata estaba en torno a los 20 dólares la onza. El 25 de ese mismo mes, los hermanos Hunt, que además estaban muy apalancados, tuvieron que vender cerca de 100 millones de dólares de plata, para obtener liquidez, y así tratar de sanear sus finanzas. Esta venta masiva hizo que el precio de la plata siguiera bajando.

Finalmente, el jueves 27 de marzo de 1980, día conocido como «Jueves de la Plata«, el precio del metal se desplomó, cayendo de 21,62 dólares la onza a 10,80 dólares la onza. Los Hunt se encontraron con unos compromisos de compra, sobre 100 millones de dólares, que les fue imposible de cumplir.

El precio de la plata continuó cayendo. La Reserva Federal intervino por temor a que estuviera a punto de producirse un gran pánico financiero y otorgo un préstamo de 1.100 millones a los Hunt para cubrir sus márgenes, pero les exigió enormes garantías para los préstamos.

Los Hunt se declararon en bancarrota, dejando en 1987 unas deudas por valor de 2.500 millones de dólares. A la desgracia de la ruina de los hermanos hubo que añadir que fueron condenados por manipulación de los precios en los mercados.

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