Relacionado con la aversión al riesgo nos encontramos con la aversión a las pérdidas que manifiesta un comportamiento distinto cuando estamos en pérdidas y en beneficio.

¿Qué es la aversión a las pérdidas?

Se estima que psicológicamente una pérdida tiene el doble de impacto en nosotros que las beneficios.

Es decir, nos duele mucho más perder 100 que lo que nos satisface ganar 100.

Dicho de otra forma, si perdemos 100 y luego ganamos 100 la sensación que nos queda es de haber perdido.

Por tanto, entre los inversores existe una alta resistencia a la pérdida debido al alto impacto emocional que la posibilidad de perder genera, prefiriendo evitar pérdidas antes que conseguir ganancias.

Esta teoría originó una corriente de invetigación que otorgó a Daniel Kahneman el Premio Nobel de Economía en 2002.

Función de valor del inversor

En el siguiente gráfico vemos el impacto que sobre nuestras sensaciones tiene la generación de beneficios o pérdidas, comprobando un efecto más acusado en el apartado de las pérdidas.

Consecuencias prácticas de la aversión a las pérdidas

En los inversores, la aversión al riesgo puede generar las siguientes consecuencias:

  • No invertir en valores buenos que tienen una clara perspectiva positiva debido a la posibilidad de perder. Puede darse el caso que rechazar inversiones que tienen un 50% de ganar 100 y un 50% de perder 50, cuando la media es claramente favorable.
  • Mantener valores con pérdidas para no materializar unas pérdidas, aunque no se espere su recuperación.

Evitar los efectos de la aversión a las pérdidas

Para evitar los efectos adversos de este sesgo es necesario que tengamos claro que lo importante no es no tener pérdidas en algunas operaciones, sino que el resultado global de todas las operaciones sea positivo.

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